Nuestra provincia cuenta con lugares que en su día fueron grandes y majestuosas construcciones de las que hoy solo queda parte del recuerdo, comprobamos la huella del pasado en el Monasterio de Guijosa. Merece la pena hacer una pequeña descripción que ponga de relieve la importancia de este este cercano pedazo de patrimonio soriano al que podemos acercarnos.
¿Cómo llegar?
Nos trasladamos hasta las ruinas de este monasterio de la Orden de los Jerónimos enclavado en Guijosa. Se trata de una pequeña población situada al oeste de Soria muy cercana al límite con la provincia de Burgos. Para llegar hasta él tomamos la carretera en dirección a Espeja de San Marcelino, municipio al que pertenece.

Una vez cruzado el río Pilde, nuestra vista nos dirá hacia dónde ir ya que su resto más visible, la única pared que queda en pie, destaca desde la lejanía. Sólo es cuestión de seguir el cartel que encontraremos en el primer camino hacia nuestra izquierda y que nos dice “Convento de los Jerónimos”. Después hay un trayecto en línea recta de poco menos de 1 kilómetro. Con ello ya estamos listos para empaparnos de su origen, un panel explicativo castigado por las inclemencias del tiempo ubicado allí nos ayudará.

Información general
Fue fundado por el cardenal y obispo de Osma Don Pedro de Frías en 1402. Llegó a tener 2 o incluso 3 claustros de los cuales uno era de estilo herreriano para uso de los monjes. Otro para la hospedería, ambos de doble arquería. El edificio contaba además de las celdas de los monjes así como graneros, corrales, una huerta cerrada y un importante “scriptorium”. Durante siglos, este llenó de espectaculares libros cantorales iglesias y conventos no sólo nuestra provincia sino también otros muchos lugares de culto religioso. Puedes ver alguno de estos ejemplares en la catedral de El Burgo de Osma.

Adicionalmente, llegó a tener un palacio adherido junto al presbiterio de la iglesia. Era de la familia de la casa de Avellaneda. Se desplazaba allí para pasar sus temporadas de retiro. Posteriormente parte de sus miembros serían enterrados en el interior templo; en la actualidad es posible ver el sepulcro completo de Don Diego de Avellaneda en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid. El resto fueron desmembrados y diseminados por la geografía española.

Poco más se sabe acerca de su estructura, pero en la antigua escuela de Guijosa puedes visitar una coqueta exposición. Es el resultado de un estudio reciente promovido por la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León en Soria y cofinanciado por los fondos FEDER de la Unión Europea.
Desaparición
Tras ser utilizado como hospital durante la Guerra de la Independencia, desafortunadamente, la sombra de la desamortización de Mendizábal cayó sobre él. Llevada a cabo en el año 1835 los monjes fueron obligados a abandonar las dependencias. Veinte años después, sólo quedarían ruinas en la zona, a excepción de la iglesia, que se mantuvo en pie hasta después de la Guerra Civil cuando fue expoliada y saqueada hasta quedar en su estado habitual.

En la actualidad
Lo que hoy podemos contemplar de forma más reconocible es sólo el muro oeste que cerraba la parte del coro. También es posible jugar a adivinar la estructura de planta de cruz latina de la iglesia y pasear entre numerosos muros y montículos. Una pequeña puerta también en ruinas, la extensa tapia que cercaba su huerta y un colmenar que agoniza son los últimos testigos de su grandeza.

Por último, podremos tomar un tranquilo almuerzo o merienda en una zona de recreo habilitada con mesas junto a un pequeño manantial. Desde allí podremos observar la magnitud que llegaron a tener sus cultivos para autoabastecimiento.

Románico cercano
Situada a escasos metros de allí, en lo alto de un pequeño cerro, resiste la ermita de la Inmaculada Concepción. De románico muy primitivo, una sola nave y ábside rectangular. Las arquivoltas de su portada, los canecillos y sus 2 capiteles son austeros y están seriamente erosionados. Aún así, es aconsejable acercarse. Sólo está a poco más de 1 kilómetro de distancia y es posible tener una panorámica diferente del entorno y los vestigios del monumento que hoy nos ocupa.
